Jornada Gastromusera en Torrequemada

dehesa La Zafrilla. Torrequemada
14 de noviembre de 2022 · Gastromus ·

Ayer domingo aprovechando el hermoso día que nos brindó el otoño, época de montanera[1], nos desplazamos hasta Torrequemada para disfrutar de una jornada entre Amigos.

En nuestro recorrido a través de la historia del pueblo, contamos con la orientación de Ricardo Jiménez Rodrigo, un torrequemadeño de pro que generosamente se brindó a compartir sus conocimientos con nosotros, explicándonos con todo lujo de detalles los orígenes de la dehesa, de las corralás, de la ermita del Salor y nos recordó palabras que teníamos casi olvidadas: prao, zahúrda, pasaeras, saltaero, pedreros..., expresiones que forman parte de nuestra cultura.

Ricardo Jiménez Rodrigo

Torrequemada perteneció hasta el siglo XIX a la denominada Tierra de Cáceres, formando parte de su Sexmo (división territorial que comprendía cierto número de pueblos asociados para la administración de bienes comunes).

Tras la reconquista definitiva, el rey Alfonso IX de León decidió conservar Cáceres para la corona como villa de realengo[2], a la que concedió un dilatado término. Para incentivar su repoblación, pronto se procedió al reparto de grandes heredades entre las familias nobles. No obstante, la villa conservó como bienes de Propios vastas dehesas.

Los terrenos comunales cobraban una gran importancia para asegurar la supervivencia a los vecinos, pues los ayuntamientos ofertaban, generalmente a pasto y labor, estas tierras a sus moradores, cuyos ganados gozaban de prioridad frente al trashumante.

Las aldeas, entre ellas Torrequemada, gozaban del privilegio de pastos en algunas de las grandes dehesas concejiles, especialmente en la Zafra y la Zafrilla. El sexmero, elegido anualmente, defendía los derechos de estas ante el concejo cacereño.

La dehesa

La Dehesa de la Zafra o de la Zafrilla, que los lugareños denominan “el prao, tiene una extensión de casi trescientas hectáreas pobladas de encinas y alcornoques. Estas tierras que conforman la dehesa boyal fueron cedidas por la ciudad de Cáceres en el siglo XVI. Como en otras dehesas boyales, la titularidad de los recursos se basa en el condominio. El suelo pertenece al ayuntamiento que cede a los vecinos el derecho de explotación; y el vuelo (arboleda y su aprovechamiento: corcho, bellota, leña) tiene titularidad privada.

Dehesa La Zafra, Torrequemada

Durante la montanera el aprovechamiento no estaba gravado con impuestos, sin embargo, desde el 15 de diciembre hasta el 10 de febrero, el aprovechamiento por los cerdos de la hierba fresca de invierno estaba sujeto al abono del correspondiente pago al ayuntamiento por tratarse de suelo público.

Es de resaltar que desde finales del siglo XVIII y principios del XIX, ante la carestía de tierras propias y la imposibilidad de acceder a otras pertenecientes a grandes terratenientes o a manos muertas[3], lo que suponía un tremendo inconveniente para el desarrollo y el progreso del municipio, el Ayuntamiento acudió al Rey suplicando que sus vecinos fuesen preferidos en el arriendo de las dehesas del término municipal que sus propietarios mantuvieran baldías.

Como ha sido habitual en nuestra historia, los intereses de los grandes ganaderos o de los grandes terratenientes chocaban con los de los vecinos.

Las corralás

Construcciones de piedra seca sustentadas por su propio peso, sin ningún tipo de argamasa, destinadas al cobijo y alimentación de los cerdos, son un ejemplo de la capacidad de la arquitectura tradicional de adaptarse al medio haciendo uso de los recursos escasos y cuya técnica se ha transmitido de generación en generación. Nos comentaba Ricardo Jiménez que, en la actualidad, es fácil encontrar en el pueblo hasta una veintena de maestros pedreros.

Las corralás de Torrequemada fueron declaradas bien de interés cultural, con categoría de lugar de interés etnológico, por el Decreto 174/2017, de 24 de octubre, (BOE 10 de enero de 2018), a partir del expediente incoado por Resolución de la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura con fecha 5 de diciembre de 2016, a petición formulada por el Ayuntamiento de Torrequemada con fecha 26 de febrero del mismo año.

Así mismo, están incluidas en la Lista representativa del Patrimonio cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, desde el año 2018, bajo el epígrafe "Conocimientos y técnicas del arte de construir muros en piedra seca", a propuesta de Croacia, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia, España y Suiza.

La estructura de estas construcciones consta de dos cuerpos con funciones diferenciadas, pero complementarias. Por un lado, está la zahúrda o cochiquera donde las madres parían y amamantaban a las crías; por otro, el cerco de piedra a su alrededor que servía para controlar a los animales. Es ahí, en la mitad de la pared exterior, donde suele haber una piedra colocada de manera horizontal llamada el “saltaero”, cuya función era permitir que el propietario saltara al interior de la corralá, pues la puerta de entrada era de las dimensiones propias del animal.

corralá privada Torrequemada

Para aquellas familias que no tenían posibilidades de construir la suya propia el ayuntamiento cedía la utilización de una corralá comunal. Nos surgió la pregunta de si la cría del cerdo formaba parte de la economía de autoconsumo. Aquí Ricardo fue pragmático: “No todas las familias “mataban”, sino que engordaban el cerdo para luego venderlo a punto para la matanza. Tal vez se quedaran con el tocino y poco más”.

corrala comunal

La emigración de los años sesenta del pasado siglo impuso importantes cambios en el modo de vida del mundo rural, desplazando a las corralás a la memoria colectiva. Una memoria que no languidece, como hemos podido comprobar, a tenor del entusiasmo de los lugareños en perpetuarla, orgullos de su legado histórico.

Recordaba, Ricardo, cuando las tardes llenaban el prao de partías (pandillas) de chiquillos que acudían allí a jugar después de la escuela, mientras sus madres llevaban alimentos para los cerdos y se reunían con otras vecinas a hablar. Los hombres, muchos de ellos, se habían ido a Alemania.

La ermita del Salor

ermita

La ermita está considerada Monumento de Interés Cultural. Las primeras noticias que se tienen de ella, datan del año 1229. Algunos autores la vinculan con los templarios, otros, sin embargo, no están de acuerdo. Fue sede la Orden Nobiliaria de los Caballeros de Nuestra Señora del Salor, fundada en la parroquia de San Mateo de Cáceres (a la cual pertenecía la ermita) en el año 1345.

interior ermita del Salor

El interior cuenta con tres naves decoradas con arcos de estilo mudéjar y unas pinturas murales al fresco, con escenas de la vida de Cristo, atribuidas al pintor cacereño Lucas Holguín, de mediados del siglo XVI.

ermita Salor frescos

Después de la excursión por el prao, las corralás y la ermita, volvimos al pueblo donde en el restaurante Plaza, tuvimos la oportunidad de degustar un riquísimo cochinillo al horno de lecha, acompañado con vino tinto de la tierra. Nos faltó la partida de Mus. Tapetes, baraja, amarrakos. y chuleta para membrillos, llevábamos, pero era tal el gentío que no fue posible disponer de mesas para jugar. No importa. En nuestra próxima jornada gastromusera que será en Jerez de los Caballeros, habrá Mus.

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Enlaces que no te puedes perder:

* Congreso Internacional El Futuro de la Europa Rural. Emprendimiento, resiliencia y gobernanza en zonas rurales. 18-10-2019 Casa de Cultura, Torreorgaz, Cáceres. Las Corralás, Bien de interés cultural de Torrequemada

** Canal Extremadura. Las Corralás de Torrequemada

Notas:

[1] Montanera: en el calendario tradicional, comenzaba el 1 de noviembre y duraba hasta el 15 de diciembre. es la última fase de la cría del cerdo ibérico y consiste en dejar pastar al cerdo en la dehesa, donde se produce el engorde tradicional, entre bosques de alcornoques y encinas, siendo su fruto, la bellota, el alimento fundamental antes del sacrificio

[2] Villa de realengo:  calificación jurisdiccional que tienen los lugares dependientes directamente del rey, es decir, cuyo señor jurisdiccional es el mismo rey. Se utiliza como término opuesto a señorío. El uso del término realengo no implica que el rey sea el propietario de las tierras, que tienen sus propietarios alodiales, obligados a pagar al rey los impuestos y cargas que correspondan. Lo que sí tiene el rey es la potestad de dar en señorío (por merced o venta) ese lugar a un noble o eclesiástico.

[3] Manos muertas: tierras pertenecientes a la Iglesia, que no se podían enajenar por tener como destino específico el cielo. Asunto que se intentó resolver con las diversas desamortizaciones liberales que trataron de modificar el sistema de propiedad del Antiguo Régimen y crear una clase media. Intentos que como sabemos, resultaron baldíos y, en muchos casos, contraproducentes.

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